Juan Pablo II: un ejemplo para muchos
Hace algunos años, en 1994, tuve la oportunidad de acercarme a Roma, y estar presente en una audiencia de Juan Pablo II en el Aula Nervi. En aquellos momentos acababa de salir de un accidente de esquí y llevaba un brazo escayolado. El viaje a Roma, en avión, por 24 horas, fue ciertamente un suplicio, compensado por las palabras de ánimo que Juan Pablo II me dedicó al pasar a mi lado, una vez terminada la audiencia de ese miércoles de abril.
En 1978, mientras disfrutaba de unos días de vacaciones con mis padres, veintitantos días después del fallecimiento de Juan Pablo I, fue elegido como Sucesor de Pedro, el Cardenal Carol Wotyla, oriundo de Polonia, de la ciudad de Wadowice, famosa por sus minas de sal. Un Papa polaco, un Papa eslavo: algo que nadie esperaba.
En 1982, cuando contaba con 12 años, en el encuentro del Santiago Bernabeu, tuve la oportunidad de escuchar sus palabras, con oídos de adolescente. Sin embargo, sus palabras calaron en mi alma, pues años después, en tres ocasiones, tuve la oportunidad de visitar Polonia, para echar una mano a los fieles católicos polacos en la construcción de diferentes iglesias, tras una petición del Santo Padre Juan Pablo II a todos los europeos con el fin de reconquistar Europa para el cristianismo. No fueron viajes de placer, todo lo contrario, aunque viajar en automóvil por toda Europa fue una experiencia recomendable, fueron días en los que descubrí el dolor de las gentes subyugadas al poder del comunismo, con cartas de racionamiento, con lo justo para vivir. Por eso cada encuentro con Juan Pablo II en mi vida significó un momento para aprender algo en la vida.
En la última visita de Juan Pablo II a Madrid, pude ver en sus ojos, como debía estar pasando aquellos últimos trances de su vida, pude ver al Papa cansado, hecho polvo, pero por dentro más fuerte que nunca. Sus últimos días en la tierra fueron momentos para dar gracias a Dios, por tantas y tantas gracias que nos dio por medio de su siervo el Papa Juan Pablo II.
Ayer, seis años después de su tránsito al Cielo, el Papa Juan Pablo II fue beatificado por su sucesor Benedicto XVI. A partir de hoy, el féretro de Juan Pablo II estará en la Capilla de San Sebastián, junto a la urna de la Piedad de Miguel Angel.
Durante los 26 años y medio de pontificado, Juan Pablo II realizó innumerables viajes, en los que, por encima de todo, trato de transmitir que debíamos confiar en Jesucristo, que no debíamos tener miedo y debíamos abrir las puertas de nuestra alma a Jesucristo. En todas las ocasiones en que tuve ocasión de estar cerca de Juan Pablo II, su mensaje siempre fue el mismo. Muchas personas, opiniones muy respetables, piensan que la caída de comunismo fue debida a la acción de Juan Pablo II, yo sigo pensando que tuvo que ver, pero sobretodo fue Jesucristo y su Madre quienes obraron este milagro. Como lo ha sido el milagro, por el que se reconoce la intercesión del Papa en la curación de Parkinson de una monja francesa.
Hoy, tres meses después de comenzar este post, llega su publicación. Muchas son las voces que hoy en día se alzan contra la acción de la Iglesia Católica, por actos como el que tendrá lugar, en unos días, con la celebración de la JMJ 2011, en Madrid. Algunas de esas voces las conozco, y, por primera vez en mucho tiempo, me resbalan, simplemente, no tienen ningún tipo de razón. La celebración de estos encuentros entre el Santo Padre y jóvenes del todo el mundo tienen una clara misión: poner a los jóvenes, y no tan jóvenes, en la estela del camino que lleva a la felicidad. Después de ver algunos acontecimientos durante este año, en el que personas allegadas han sufrido alguna desgracia, sólo se me ocurre dar gracias a Dios y a mis padres, por haberme enseñado la fe cristiana, por haberme dado la posibilidad de asistir a la ya muy lejana primera Jornada Mundial de la Juventud en Roma, con Juan Pablo II, en 1984. La alegría de estar cerca de Dios, es la que sustenta mi vida y la de tantos que están cerca de mi. Sino, muchas cosas no tienen sentido.
Este año, este verano, en unos días, seguiré la JMJ por TV y por Internet, y no por no ser ya tan joven, sino por las obligaciones que conlleva tener dos hijos. A todos los que estéis en Madrid os animo a participar.






